Cuando me pidieron que escribiera un artículo sobre los trastornos de conducta alimentaria (TCA) en este blog pensé ¿y para qué? ¿acaso alguien va a querer leer un artículo escrito por una enferma anónima?. Ahora comprendo que eso no ha de importarme. Escribir siempre es terapéutico y no siempre se le da la oportunidad a una de ser escuchada, o en este caso, leída. Así que he aceptado formar parte de este blog y, además, aprovecho para dar las gracias a la persona que se ha esforzado en encontrarme y que me ha ofrecido la oportunidad de compartir lo que he vivido y sigo viviendo cada día.

Antes de hablar sobre mi, me gustaría hacer una breve explicación sobre los trastornos alimentarios:

Los TCA incluyen anorexia nerviosa, bulimia, y trastorno por sobreingesta y otros sin calificar. Por eso hoy en día es más común y congruente ser diagnosticado con un TCA que con, por ejemplo, bulimia concretamente, ya que al tratarse de una enfermedad mental, cada sujeto puede presentar un cuadro muy distinto.  No obstante, hay ciertos factores en común y criterios de diagnóstico para los distintos tipos de trastornos alimentarios. En la anorexia nerviosa destaca el minucioso control de la ingesta diaria y su aporte calórico. El paciente suele tener un miedo terrible a engordar y presenta un pérdida considerable de peso (15% o superior por debajo del peso normal). En la bulimia el afectado se esfuerza por mantener un control absoluto sobre su ingesta pero la ansiedad le lleva a darse atracones. Para compensar los efectos que les produce dichos atracones (sensación de culpabilidad, miedo a engordar, dolor abdominal…) utilizan métodos purgativos como pueden ser los laxantes, diuréticos o la inducción del vómito. También pueden utilizar otros métodos compensatorios como un ayuno o el ejercicio intenso. A diferencia de la bulimia, el trastorno por sobreingesta o atracón presenta periodos de sobreingesta compulsiva pero no los métodos compensatorios.

La anorexia nerviosa es la enfermedad mental con el mayor índice de  mortalidad. La malnutrición puede dar lugar a otros problemas de salud como deshidratación, amenorrea (ausencia de la menstruación), osteoporosis, lanugo…La bulimia produce, entre otras cosas, deshidratación, desajuste iónico (se pierden minerales al purgarse) esofagitis o hasta ruptura del mismo esófago.

Por eso no hay que tomarse estas enfermedades a la ligera. A mi, personalmente, me han llegado a llamar una ‘egoísta’ y una ‘fresca’. Y es que hay mucha desinformación. Existen muchas páginas en internet que pintan los trastornos alimentarios de forma casi glamurosa. Son los blogs de las llamadas ‘princesas’. Luchan para acercarse a la perfección, a un cuerpo enfermizo  ante los ojos de cualquier persona ajena al trastorno. Los medios de comunicación tampoco ayudan: la imagen de la modelo andrógena, la publicidad de dietas y/o píldoras milagrosas para perder peso, la crítica constante hacia los cuerpos de los famosos….

Es cierto que la presión mediática hace que muchas celebridades caigan en las redes de esta mortífera enfermedad, razón de más por la que el tema ha de tratarse con  respeto y seriedad. La enfermedad no es un chismorreo, y los enfermos no son unos ‘egoístas’ ni unos ‘frescos’. No son unos ‘niñatos’ ni unos ‘superficiales’. Son enfermos.

¿Acaso alguien desea caer enfermo?. Es comprensible que a los amigos y familiares del enfermo les cueste entender cómo alguien, que presuntamente lo tiene todo, pueda autodestruirse de esa manera, haciendo sufrir a la gente que le rodea. Respecto a esto solo me cabe decir que si por mí fuera, mi familia nunca se hubiera enterado de lo que me ocurre. Ellos fueron informados de mi situación mediante una tercera persona. La reacción y la mirada de tristeza de mi padre es algo que jamás olvidaré. Es un clavo en mi memoria que se pronunció aun más el día que fui ingresada. Es ver el dolor causado por tus propios actos reflejado en los ojos de la persona que te ha dado la vida. Sé demasiado bien que hago sufrir a la gente que me quiere. Y sin embargo, aun no he conseguido cambiar del todo. Porque simplemente no es tan fácil como uno quisiera.

A veces no hay que entender al enfermo. No basta con la empatía y puede ser un proceso en vano que solo cause frustración o hasta reproche hacia el enfermo. En estos momentos es cuando más valoro el apoyo incondicional de la gente que me quiere. Gracias.

No quiero irme sin dejar unos links para los que queráis una información más completa y profesional de los trastornos alimentarios.

http://www.nationaleatingdisorders.org/nedaDir/files/documents/handouts/SPWhCaus.pdf

http://www.gabinetedepsicologia.com/temas.html

http://www.psiquiatria.com/areas/tralimentacion/

Pronto volveré para compartir algunos sentimientos más íntimos con vosotros.